Ser madre joven...y soltera

Embarazos adolescentes que no son planeados se han convertido en situaciones muy frecuentes y de alta preocupación en Colombia. Estas jóvenes confrontan muchos problemas para los que aún muchas no están preparadas al tener a sus niños, pues la falta de dinero, poca experiencia y en algunos casos sin apoyo por parte de la familia, hacen que criar un bebé no sea algo fácil.

Salí a los 15 años del colegio, me dediqué a viajar esperando entrar en la universidad. A los 18 años ingresé en la Universidad de Caldas, estudié un semestre. Al finalizar, tenía planes de cambiarme de carrera, ya que siempre tuve interés por el área de la salud. Después de finalizar primer semestre, conocí a quien consideré apropiado para mí. Al llegar de viaje, ya que estuve por fuera de Manizales un mes, me encontré de nuevo con el chico que días antes me había llamado la atención. Después de cuatro meses de relación tuve un retraso, me hice tres pruebas de embarazo y todas salieron positivas, al enterarme lloré por horas, mientras tanto mi pareja me decía que la decisión que tomara la respetaría, ya que era mi cuerpo. Al estar en esa situación pasaron mil cosas por mi cabeza: aborto, adopción, tenerlo pero... la crianza (si aún uno es inmaduro, loco y está aprendiendo a vivir), Mi madre es cristiana, por lo tanto sus creencias la hacen convertirse en una persona demasiado conservadora, y mi papá bastante rígido ya que es policía. Por lo tanto, no sabía qué hacer.



La primera persona a quien le conté fue mi hermana, lloro conmigo, y me dijo: "ten el bebé, él no tiene la culpa, lo que pasó fue consecuencia de tus actos". Me acompañó a realizarme una prueba de sangre que también salió positiva. Fui a la casa de él a pensar a su lado, antes de llegar, tenía la convicción de que lo mejor era el aborto pero cuando llegué a la puerta de su casa, de un momento a otro, cambié la decisión y estuve totalmente segura que pasara lo que pasara, por más difícil o triste que fuera, tendría mi bebé. Cuando entré le dije lo que pensaba, él sonriendo lo tomó de la mejor manera, estaba muy feliz. En ese momento, no sabía lo que sentía, si era tristeza, desesperación o ansiedad, lo que sí quería era construir una familia.


Tenía pensado irme a vivir con él, pero la primera prueba de fuego era contarles a mis padres. En noviembre un viernes por la noche los llamé y hablé con ellos, de inmediato me echaron de la casa, viví donde mi hermana por una semana, luego volví a casa de mis papás a terminar de sacar ropa. Mi mamá me trataba mal porque era la que más expectativas tenía puestas en mí y se las corté de raíz, mi padre estaba triste, solo fumaba y lloraba, no era capaz de mirarme directamente a los ojos, ni hablaba, solo me abrazaba y lloraba. Al final, mi madre después de dos semanas me dio la opción de irme definitivamente de la casa y vivir con el papá de mi bebé, o quedarme con ellos pero olvidarme de él.


Hay relaciones de muchos años y las personas caen en cuenta que no se conocen. Mi caso era más bien de desconocimiento total, no sabía que hacía, no conocía bien su familia, empecé a vivir en su casa con la familia y poco a poco me di cuenta que cada vez me equivocaba más, al pasar una semana de estar junto a él, cambió todo. Pasé de mis comodidades a tener hambre, estar sin dinero, no tener amigos, no poder comprar lo que quisiera, no tener la presencia de mi mamá, ni escucharla a diario, eso era lo que en realidad dolía.


Lo peor empezó luego, cuando recibí maltratos físicos y psicológicos, muchas personas ven esto irracional y consideran que nunca pasarían por tal situación, me incluía en ese grupo por mi fuerte carácter, pero nadie lo entiende hasta que lo vive, es difícil salir de la situación, decidir dejar esa persona que le hace tanto daño a tu vida, porque lo que era amor se transforma en apego e irracionalmente se genera dependencia de la otra persona, convirtiéndose en una relación tormentosa pero de la cual no se puede desatar.


Así viví hasta que nació mi bebé, durante el embarazo, ninguno de mis padres estuvo presente, hasta el día del parto en el que estuvo mi mamá, hermana y el padre de mi hija. El nacimiento para las que ya somos madres es lo más lindo del mundo, después de esperar nueve meses, para ver su rostro y sonrisa, todo en ellos es perfecto.


Regresé a casa de mis padres, por un tiempo me fui de la ciudad, pero quería estar al lado del padre de mi hija. Volví a Manizales después de cuatro meses, intenté esta vez construir algo lindo con él y empecé a trabajar, pagar todos los gastos, pero lo que pasa una vez pasan dos, tres y todas las veces. Hasta que tomé la decisión de salir adelante sola, saber que mi felicidad no dependía de él, que lo que más me debía importar era mi hija. Las relaciones que duelen no generan nada bueno, así que hace tres años vivo sola con mi hija, trabajo desde que ella tiene cuatro meses y gracias al apoyo de mi familia, salí adelante, soy feliz con ella, por ella y para ella.

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